De por qué no me casé con el teatro

Será que las monjas se casan con Dios y las actrices con el TEATRO.  Será que tanto las monjas como las actrices se casan y entregan toda su vida. Siempre sentí curiosidad por las monjas y el por qué de su devoción. Soy actriz. ¿Cómo no tenerla?

Año 2011. Yo llevaba un tiempo pensando en pirarme de Madrid. Estaba hasta las narices. Mejor dicho, estaba hasta el coño. Trabajando en dos sitios, de camarera un año más en el Libertad 8 y cuidando a Leonisa, la señora más hermosa de todo Chueca. Llevábamos un año ensayando una obra que no terminaba de salir y yo con una sensación encima de total desorientación. Nunca perdida. Siempre con una idea en la cabeza pero sin saber cual tenía que ser el paso siguiente. Llegué a esta ciudad en septiembre de 2004. Era una novicia a actriz feliz y cagada de miedo. Y nunca dejaría que un hombre, un macho loquito, un vikingo barbudo y transpirado me separara o distrajera de mi camino. ¡¡¡Sacrilegio!!! Nunca me lo permitiría ni me lo perdonaría. Tenía claro que el teatro era mi vida. Y una pareja solo podía ser un impedimento, una trampa demoníaca que me seduciría. Satán, Lucifer, Belcebú nunca fueron sus nombres pero yo sentía el olor a azufre. Así que no…. Esto no podía sucederme a mi. Yo era una novicia a actriz idealista con convicciones inquebrantables totalmente necesarias para luchar contra los paganos. ¿Publicidad? ¿Televisión? ¡¡¡Blasfemia!!! Realmente el mal estaba por todas partes y yo solo tenía que creer en el TEATRO… esa era mi fe.

Septiembre de  2011. Con mi pasaje  comprado a Santiago de Chile y a falta de tres meses  para tomar un avión e inventarme una nueva vida. En el fondo ¿no es eso lo que busca un actriz? ¿Descubrir nuevos yo en la mirada del otro? ¿Qué el otro descubra sus yo? Historias y personajes necesarios.  Pero bueno… ese será otro post. Del por qué quiero ser actriz. Todo un reto afrontar el folio blanco. Pero sigamos…  Estamos en el Libertad, una noche de septiembre como cualquier otra y aparece él. Se toma una cerveza y me invita a ir a escuchar unos tangos a la Recoba. Y ahí todo cambió…. ¡¡¡Puta fe inquebrantable!!! Pensaba que éramos una hasta que la muerte nos separe. Y no. Sucumbí. Y no fue fácil…

Él volaba a Montevideo, su ciudad natal, y yo a Santiago. Salíamos el mismo día del aeropuerto. Cada uno con sus proyectos en la cabeza. Y yo con miedo. Otra vez. ¿Cómo no tenerlo? El TEATRO seguiría siendo mi fe, mi camino. Pero se venía el Carnaval. Venía la murga con todo y me fui a verle. Tras quince días volví a Santiago. Y no pude soportarlo. Al día siguiente estaba comprando un billete de avión para volver a Uruguay. Y de ahí, una vez terminase el verano, cruzaríamos el Río de la Plata para inventarnos una nueva vida en Buenos Aires juntos.

Y ahí estuvimos. Viviendo cerca de Palermo Hollywood. Todo es posible cuando se está cerca de las estrellas ¿no?. Noches en vela viendo series con un colacao en una mano y un Jhonnie Walker con coca en la otra. Domingos de facturas y música en la plaza. Paseos por la ciudad sin poder adaptarnos. Mi fe no estaba dispuesta a ser desbancada. Ella seguía estando por encima de todo. Y surgieron proyectos teatrales… -¡Oh! ¡Dios mío! Voy a estar en la calle Corrientes.- Y sin importar el precio.

Llegó enero de 2013. Él se tenía que volver. Sí, volver a España. Esa España que habíamos seguido día a día a través del ordenador durante un año. Esa a la que yo no quería volver. Y aunque Argentina me parecía igual de obscena que España, al menos esta no dolía tanto.

Yo no podía volverme. Tenía compromisos. Quería quemar todas las naves. Estaba montando una obra de teatro y había ganado un LCD en un programa de televisión. ¡Con ella había pagado un mes del alquiler! Las cosas iban bien… No quería elegir y había que tomar una decisión. Y no era elegir entre pasta con tomate o lubina con ensalada… esta era una de las grandes decisiones de la vida. Y yo me quedé. El TEATRO estaba aquí, no en España. Pero él se iba. Y no pensaba volver.

Meses de días y noches viviendo a través de Skype. Viendo películas juntos, celebrando el cumpleaños, dejándolo y volviendo, de malentendidos y reconciliaciones, viéndote dormir o quedar para comentarte como me ha ido en un casting. Sí… la publicidad ya no es tanto un problema. Es un escaparate… es lo que dicen. Es bueno. O no. Estando en Argentina fue nombrado el Papa Francisco. La Iglesia se modernizaba. Hay que adaptarse. Al menos eso dicen… Así que nos fuimos quitando dogmas. No es que una deje de creer en ellos… digamos que se vuelven más flexibles. Seguro que Francisco sabe de lo que hablo. O no.

Y los proyectos teatrales empiezan y acaban. Algunos mejor y otros peor. Y surgieron varios rodajes de cortometrajes. Y me lo pasé teta. Disfruté y aprendí. Pero también se acabaron. Había que seguir buscando.  Y estaba viviendo una vida en diferido. Llevábamos nueve meses sin tocarnos.

Y una noche así sin más pero con mucho… me cayó la ficha. Tuve una iluminación. Tal vez se me apareció un arcángel. ¿No es todo cuestión de fe? Encontré respuestas a preguntas. Y esto generaba una reconciliación en muchas facetas .

¿Cómo una puede casarse con el TEATRO?¿Será correspondida mi pasión por la profesión? ¿Podré dedicarme a ello? ¿Tendré qué estar siempre trabajando detrás de la barra de un bar para poder seguir teniendo un “hobby”? ¿Y si mi vida es la búsqueda de algo que nunca se materializa? Eso es vivir. Buscar sin garantías. Y en esa búsqueda me vi vacía. Y la respuesta estaba en el teatro.

Al leer una obra una descubre personajes maravillosos con sus dramas, sus pasiones, viviendo la vida y pagando el precio. Y esa noche de octubre vinieron personajes. Pensé en Julieta. En lo que es amar. En lo que es ser correspondido. En sentir. En no pasar por la vida de puntillas. En historias que valen la pena. Personajes que viven. En desmayarse, atreverse, estar furioso… quien lo probó lo sabe.

“Aquí yace Elena. La que nunca se comprometió con nadie ni con nada. La que se pasó la vida buscando una vida. Ahora sí, por fin…. Descansa en paz.”

Y de pronto…. la necesidad de volver a España. Sentir como mi fe se levanta de su trono. Digamos que se puso a su izquierda. Literalmente. Y lo hace con la cabeza bien alta. No fue tiempo perdido.

Yo quería estar con él. Lo tenía claro. Y se lo comuniqué.

“Para poder hacer teatro tengo que vivir. Apostar por el amor.”

Hoy, 29 de enero de 2017 seguimos los tres juntos. Pero dándole el lugar que le corresponde a cada uno y que me permite amar bien a los dos. Te quiero Gabriel, cuando quieras me caso contigo.

Elena

 

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