El pan de cada día

El otro día fui a un casting. Fui pero no lo hice. Había muchísima gente esperando y yo disponía solo de una hora para hacerlo e irme andando hasta el trabajo que quedaba a unos veinte minutos. Aunque sabía que iba muy justa de tiempo albergaba en mí la esperanza de que hubiera poca gente y poder realizarlo. Nunca se sabe…

Nada más abrir la puerta de la sala de espera del casting vi una cara conocida.  Un compañero de profesión con el que he coincidido varias veces, trabajando o en castings, amigo de Facebook y que me cae muy bien. Bajé las escaleras, me apunté en la lista y fui a saludarle.

Estuvimos hablando. Está contento. Le comenté que le había visto en varios anuncios. ¡Qué bien! Comentamos que está jodida la profesión. Que está muy difícil. Castings, castings y más castings. Y que a veces la esperanza flaquea…

Hay un chico esperando a nuestro lado sentado en el sofá. Está preparando un texto. Nos dice que el lleva una hora esperando para poder hacerlo y que tiene otro casting en la otra punta de Madrid. El texto que memoriza es para el siguiente casting. Y no sabe si va a llegar. No se lo pregunté… pero me imaginé que capaz llevaba dos semanas sin que le llamaran de la agencia y, maldita casualidad, le salieron dos para el mismo día.

¿Y cómo a veces no nos van a flaquear las fuerzas? Es difícil vivir de la profesión. Sí, lo sabemos. Olvídate de la palabra “estabilidad”. No hay. Ok. No importa, lo sigo intentando.  Pero a todo esto hay que sumarle muchas cosas más. Las trabas del día a día. Las dichosas trabas.

Para muestra un botón:

Estoy intentando alquilar un piso para cambiarme en el mismo barrio: Puente de Vallekas. Me gusta este barrio. Así que voy a una inmobiliaria y me llevan a ver uno que se ajusta bastante a lo que puedo pagar con mi pareja. Un piso chiquitito pero que me gusta, tiene ventanas a la calle y es acogedor. Por otro lado es un precio que podemos pagar. Él también está a media jornada. Me piden que presente los contratos de trabajo y las nóminas de los últimos tres meses. Y eso llevo. Pero… ¡Ah! ¡Sorpresa! Mis contratos como actriz de los últimos tres meses no sirven. No es un trabajo regular. Así que solo me aceptan mi nómina de camarera… y me quedo sin el piso. Me dicen que con dos medias jornadas no llegamos a la cantidad que demanda el seguro del propietario. Pero sí si hubiesen aceptado mis otros contratos. Se ve que trabajar de actriz no cuenta. No es un trabajo serio. No sé.

Trabajo de camarera en una cafetería – restaurante. Estoy a media jornada. Para mi es el trabajo perfecto. Dispongo de tiempo para poder ir a esos castings, trabajar en proyectos o escribir este blog. Tiempo. Algo que escasea. Y tengo compañeros con una disposición brutal a cambiarme el turno por si sale algo de trabajo. Cosa que no tiene precio. Y entre estos compañeros también hay amigos de profesión. Y mientras trabajamos, entre chupitos de ron y cafés con leche, discutimos sobre el futuro, sobre la esperanza, conseguir metas, hacer crecer proyectos, intercambiamos información, hablamos de cuando dejaremos la hostelería… soñamos y nos imaginamos.

No hace mucho uno de estos compañeros me preguntó: ¿Cómo te imaginas dentro de 20 años? Uf! Qué pregunta. No es fácil responder. Y mientras pensaba la respuesta yo limpiaba la barra y él se iba a tomar una comanda a una mesa nueva. Dentro de 20 años yo tendré 58 años. Parece como algo tan lejano… No sé dónde estaré dentro de 20 años. Pero por algo soy actriz. Y la curiosidad me mata. Y quiero saber hacia dónde me llevará mi historia. Pura alcahueta no más.

Y claro que imagino. Y sueño. Y creo que es posible vivir de lo que una realmente ama. Si no es así ¿para qué? Me pongo a trabajar a jornada completa y me alquilo el piso más bonito. Dejamos atrás la montaña rusa emocional y las inseguridades (aunque creo que esto último ya se me quedó un poquito para siempre) y me hago una mujer de bien. Si eso ya hablaremos de los niños.

Intento aplicar en mi vida lecciones de teatro. De primero de interpretación. Y hay dos que tengo más presentes: estar en el aquí y ahora y no quedarme en el error. Mi aquí y ahora, valorando todo lo que tengo y he conseguido. Lo que he dejado pasar y lo que puede venir. Pero sabiendo donde estoy y sintiéndome agradecida.

Y preparo dos cortados y un zumo de tomate. Seguimos trabajando…

¡Vamos arriba!

 

En un descanso del trabajo.

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